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El aliado invisible contra la pudrición ácida: Pythium oligandrum
La pudrición ácida es, quizá, una de las enfermedades más ingratas para el productor de uva de mesa. No avisa, no respeta manejos previos y, cuando aparece, lo hace en el momento más sensible del cultivo: cuando la fruta está en envero o entrando a maduración, lista para la cosecha. No es una enfermedad “limpia”, con un solo patógeno que puedas identificar, atacar y controlar. Es un caos biológico: bacterias como Acetobacter, levaduras como Saccharomyces y hongos como Penicillium y Cladosporium conviven en el mismo racimo, se potencian entre sí y avanzan con una velocidad que sorprende incluso a productores con años de experiencia.
Durante mucho tiempo, el manejo ha dependido casi exclusivamente de productos tradicionales: aceites esenciales, extractos botánicos, sales minerales y cobres pentahidratados. Son herramientas válidas, sin duda, pero todas comparten una limitación: su modo de acción es estrictamente externo. Funcionan por contacto, buscan sanitizar la superficie del racimo o crear una barrera química que impida el avance de los microorganismos. En un problema tan dinámico y microbiano como la pudrición ácida, donde los patógenos pueden entrar por heridas diminutas y avanzar desde el interior de la baya, estos enfoques suelen ser insuficientes para detener por completo el progreso de la enfermedad.
Es en este vacío donde aparece un protagonista inesperado: Pythium oligandrum, el microorganismo benéfico detrás de El Dorado® Polyversum. Para muchos agrónomos, suena contraintuitivo que un “hongo” pueda controlar a otros hongos, levaduras y bacterias. Sin embargo, su comportamiento en campo y su biología cuentan otra historia. Este organismo no actúa desde afuera, como lo hacen los productos tradicionales. Actúa desde adentro, integrándose al ecosistema de la planta y activando mecanismos que ningún químico es capaz de replicar.
Para comenzar, Pythium oligandrum tiene la habilidad de reconocer, adherirse y degradar directamente las hifas de hongos patógenos, un proceso conocido como micoparasitismo. No los inhibe parcialmente: literalmente los coloniza, los envuelve y los destruye mediante enzimas específicas. Esto es clave en pudrición ácida, donde hongos secundarios como Penicillium o Cladosporium suelen ser los primeros en proliferar.
Pero ese es solo uno de sus mecanismos. Lo más sorprendente —y lo que ha despertado el interés científico en Europa y Japón— es su capacidad para activar las defensas naturales de la planta, lo que se conoce como Inducción de Resistencia Sistémica (ISR). A través de proteínas especializadas, las famosas oligandrinas, P. oligandrum dispara rutas hormonales internas (especialmente ácido jasmónico y etileno) que fortalecen los tejidos y limitan el avance de microorganismos oportunistas, incluidos aquellos que no están directamente en contacto con el producto. En el caso de la pudrición ácida, esto significa que la planta está mejor preparada para contener la infección incluso antes de que esta aparezca.
Mientras los productos tradicionales actúan solamente al tocar la superficie de las bayas, P. oligandrum ayuda a que la planta responda desde adentro hacia afuera, reforzando su propia capacidad de defensa. Ese es un diferencial que marca una distancia abismal entre un biocontrol real y un fungicida de contacto.
Los ensayos realizados en Perú confirmaron lo que la teoría sugería. En condiciones reales de campo, con presión natural de patógenos y clima favorable a la enfermedad, El Dorado® demostró un control notable: reducciones de más del 80 % en incidencia de racimos y bayas afectadas con dos aplicaciones en etapas críticas. No se trató solo de “frenar” la enfermedad. En muchos casos, los racimos tratados con Pythium oligandrum simplemente no desarrollaron síntomas visibles, mientras que el testigo sin aplicación mostraba daños evidentes y un avance rápido de la pudrición.
Otro aspecto importante es que, al no dejar residuos tóxicos, este microorganismo puede aplicarse muy cerca a cosecha, algo fundamental en mercados de exportación donde los límites máximos de residuos son cada vez más estrictos. Además, no afecta insectos benéficos ni causa fitotoxicidad en la uva, un detalle que cada vez pesa más en los programas MIP de las agroexportadoras.
En conjunto, lo que hace a Pythium oligandrum tan especial para la pudrición ácida no es un “golpe químico”, sino su integración biológica al cultivo.
Ataca a los hongos patógenos por micoparasitismo, estimula a la planta para resistir bacterias y levaduras, y fortalece la estructura del racimo justo en las etapas más críticas. Es, en esencia, una estrategia más cercana a la naturaleza que a la química tradicional, pero con resultados que compiten —y en muchos casos superan— a los productos que se han utilizado durante décadas.
Hoy, en un contexto donde la sostenibilidad y la inocuidad ya no son opcionales, sino requisitos para competir, soluciones como El Dorado® dejan de ser “alternativas” y se convierten en piezas clave dentro de los programas de manejo. No solo controlan la pudrición ácida: cambian la manera en que entendemos la protección de cultivos.
David Valdivia
Gerente División Point BioScience